“La Julieta vino expresamente a la pastelería
para decirme que, antes de rifar el ramo, rifarían cafeteras; que ella ya las
había visto: preciosas, blancas, con una naranja pintada, cortada por la mitad,
enseñando los gajos. Yo no tenía ganas de ir a bailar, ni tenía ganas de salir,
porque me había pasado el día despachando dulces, y las puntas de los dedos me
dolían de tanto apretar cordeles dorados y de tanto hacer nudos y lazadas. Y
porque conocía a la Julieta, que no tenía miedo a trasnochar y que igual le
daba dormir que no dormir. Pero me hizo acompañarla quieras o no, porque yo era así, que sufría si alguien me
pedía algo y tenía que decirle que no.”
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| La Plaza del Diamante. Edhasa. |
Título: La Plaza del Diamante (La Plaça del Diamant)
Autora: Mercè
Rodoreda
Fecha de publicación: 1962 (original en catalán)
Traducción: Enrique Sordo
ISBN: 84-505-7967-8
Págs.: 264
Editorial: Edhasa (esta edición: Iberia, Líneas Aéreas de España)
Sinopsis:
La vida de la joven Natalia florecerá en sus primeros amores con Quimet, lo que
la convertirá en un nuevo personaje, Colometa, que verá sus esperanzas
truncadas por la tragedia de la guerra.
Opinión:
¡Buenaaaas!
Tan
solo tres días me hicieron falta para disfrutar como nunca de una de las
novelas más increíbles de este pasado 2017. La
plaza del Diamante fue todo un descubrimiento propiciado por una amiga que
tuvo la fortuna de leerla en el colegio, y que, a su vez, tuve la suerte de
conocer para que me la recomendara, porque ¿cómo os quedáis si os digo que no
sabía de su existencia? En mi antiguo colegio (Madrid), se enseñaban muy pocas
escritoras; así a bote pronto, recuerdo nombrar de lejos a Rosalía de Castro y
ahondar un poco más en Pardo Bazán como representantes femeninas del XIX, y
comentar por encima La casa de los
espíritus, de Isabel Allende, al dar el realismo mágico hispanoamericano. En
cambio, había clases enteras para Galdós, Valle-Inclán, Unamuno, Bécquer…; obviamente, son importantes, pero si estamos
con el siglo XIX y éste lo dividimos en romanticismo, realismo y naturalismo,
no me digáis que Pardo Bazán no es una opción perfecta para el naturalismo y,
además de Bécquer, Rosalía de Castro y obras tan famosas como En las orillas del Sar no son perfectas para el romanticismo. No sé ahora cómo estará el tema, pero me da coraje haber
estudiado la misma literatura año tras año. La cuestión es que a la hora de las
lecturas obligatorias sí que había más variedad, tanto clásicos como
contemporáneos, más bien es la estructura temática literaria que se enseña,
creo que se ha quedado anticuada. En fin, volviendo a la reseña. Quería
recomendaros La plaza del Diamante, de
Mercè Rodoreda, así que veamos juntitos qué tiene de especial.